Con quien jugamos a estas alturas de la película ya deberíamos saberlo, aunque claro está, o no nos enteramos, o no queremos enterarnos, o simplemente, miramos para otro lado.
En el
plano internacional a lo “gordo”, en plan “planeta”:
- Nos encontramos con un “buen musulmán” (al decir de su abuela paterna),
al que los noruegos le dieron el premio nobel de la paz, posiblemente por ser
eso, un buen musulmán. En frente o de lado, depende de cómo se mire, a un egocéntrico
imitador, de algo o alguien, entre Pedro I y su hija Isabel I (de esta última
tiene las veleidades de su hermosura física, o al menos de su exhibicionismo),
dispuesto a agredir a todo vecino que se le ponga por delante, con tal de
sostenerse en el omnímodo poder. Un poco alejado, pero tampoco tanto, al
Mandarín, con su economía asentada en el factor mano de obra semi - esclava -
el dumping y la cohesión interna garantizada, mor al agresivo expansionismo que
muestra en base a la carrera armamentista a que está llevando al país. Carrera
armamentista, que por acción u omisión de aquellos que nos mandan, no
gobiernan, pagamos los “mandados”.